Maestría en Ciencias para el Desarrollo Estratégico

Un espacio para discusión de los asuntos políticos

domingo, 16 de mayo de 2010

Etica y similaridad

La vida de un país, la supervivencia de la democracia, la gobernabilidad, el fortalecimiento de un Estado, son temas que hoy más que nunca subyacen en la gestión de las políticas públicas y son en Venezuela, titulares de primera página de la acción gubernamental.
El gobierno de Hugo Chávez Frías desde 1999 ha intentado poner en marcha un amplio entramado de leyes, estrategias, planes y acciones, las cuales no solo han debido sortear las dificultades propias de su aplicación en medio de la dialéctica ideológica que significa la intención de trascender del capitalismo al socialismo, también, tales políticas han dado lugar a una nueva “piñata”, en la que una buena parte de la población se ha concentrado en romperla (tanto los del oficialismo como los de la oposición), para tratar de “agarrar” a toda costa la mayor parte de “los coroticos”.
Parece, que cuanto plan, por mejor ideado que haya sido, termina en una rebatiña, cuyo sustantivo común es la corrupción. Se quiso cooperativizar el modo de producción, luego endogeneizarlo a través de Empresas de Producción Social (EPS), se impulsó la pequeña, mediana y la empresa mixta, se ha querido entonces empoderar al pueblo a través de los Consejos Comunales a fin de lograr desconcentrar el poder y parece que siempre llegamos al mismo atolladero. Inexorablemente, este es el tiempo de repensar en el quid pro quo, antes que el paso inexorable de los años y las consecuencias de nuestros errores, nos dé el destino de Sodoma y quedemos reducidos a simple estatuas de sal.
Cuál entonces debe ser la metodología para abordar el propósito: ¿el estudio de las causas?¿el análisis de las consecuencias?¿la búsqueda de otra alternativa?. Hay que reconocer sin duda alguna, la contribución de tantos prestigiosos y bien intencionados economistas, juristas, politólogos, sociólogos, agrónomos, pensadores, estrategas todos, quienes en inagotablemente parecen haber hecho el mejor intento de subsanar la brecha existente entre la teoría y la praxis, de la ideología a la acción.
Muchas de las decisiones de tipo macro y micro económicas han sido formuladas para romper la coyuntura, producir una transformación del sistema. Los programas sociales igualmente se establecen pretendiendo corregir la inequidad. Pero desde mi perspectiva siempre hemos procedido erróneamente a abordar el problema desde su complejidad.
Y no es que sea en todos los casos una vía falible, sino que en este caso, en nuestro caso, lo es. No podemos seguir tratando al mundo, de espalda a las naciones; a las naciones en ausencia de sus Estados y gobernantes; a éstos olvidando a las ciudades y ciudadanos; y puesta la vista en ellos, debemos entender que los pueblos son conjuntos de personas, no de una manera simplicista y reduccionista, sino con toda la profundidad que esto significa desde lo individuo-relacional. Cada persona, representa una célula que establece relaciones sinápticas con otras, trasmitiendo y compartiendo valores, principios, normas, opiniones, ideas, nociones y apreciaciones, creando la cosmovisión colectiva que se requiere para poder sostener la vida posible en el país. De manera tal, que es necesario apretar el hilo, antes que el país se nos vaya por la costura.
Ahora bien, en qué consiste esta tensión. ¿No son ya bastante las medida restrictivas unas, punitivas otras? dirían algunos.
Abordando el problema desde una perspectiva sintética, es decir de lo más simple a lo más complejo, de los elementos al todo, de la causa a los efectos, del principio a las consecuencias, las políticas públicas en Venezuela deben estar imbricadas con la construcción de una nueva eticidad de la ciudadanía, lo cual solo es posible a través de la educación y promoción de valores y principios, no desde una manera vaga, ambigua, superficial, sino como un eje básico, tal y como lo plantea el Proyecto Nacional Simón Bolívar que propone el establecimiento de un “proyecto ético”, “una sólida arquitectura ética de valores”, en definitiva una estructura multifuncional básica para el sostenimiento de la nación como un cuerpo cohesionado y diverso. Atendiendo a estos planteamientos, podríamos avanzar comenzando por gestionar prioritariamente la transformación de la sociedad material y espiritualmente, rescatando los valores y transversalizando la ética, desde cada individuo, en cada rincón del país: niños, jóvenes y adultos; párvulos, estudiantes, productores y comerciantes, trabajadores y desempleados, amas de casa, laicos y religiosos, servidores públicos, gobernantes. En pocas palabras “todos los que hacen vida en el país”.
El otro curso estratégico de acción, no alternativo, sino complementario, tiene que ver con la sustitución de la posición ególatra basada en el “sálvate a ti mismo” por “ama al otro como a ti mismo”. No es simplemente empatía, no es una simple posición religiosa. Es, que en esta frase se encierra la profundidad de un convivir en armonía, vivir la otredad y en alteridad, activar la similaridad.
Para ello se requiere, que quienes están a cargo de formular las políticas públicas y tengan como anhelo resolver los problemas del país, vivan los problemas como lo viven los otros, transiten por sus mismas calles, duerman en sus casas y ranchos, sufran su calor, su sed, su dolor, ganen su sueldo y hagan mercado. Nuevamente en pocas palabras, que se eliminen las castas. Nadie resuelve los problemas ajenos sino los padece.

viernes, 7 de mayo de 2010

El Cementerio de los elefantes o por quién doblan las campanas

De acuerdo con la mitología africana y el mito popular, el cementerio de elefantes era un mítico lugar ubicado en África en donde se creía que iban a pasar sus últimos días los elefantes moribundos.
Según esta leyenda, los elefantes ya sabiendo cercana su muerte se retiraban a un lugar secreto donde finalmente morían.
Hoy día apostamos a un mundo mejor y aún más que eso, apostamos a la supervivencia, la cual se extiende no solo al campo ambiental, sino económico, político y social. Vemos la ciudad acechada y controlada por el hampa común, por la organizada y la institucionalizada; la sequía nos abate; el abandono político y la corrupción; la ineficiencia de los servicios; la pérdida de valores; la destrucción de la familia, de la escuela, de la iglesia, del individuo. Un grupo rema hacia la derecha, otro hacia la izquierda y otro hace peso muerto, aún sabiendo que somos un mismo barco. Mientras que el grupo del Presidente se debate a muerte por la revolución, los otros se reagrupan para debatir cómo darle muerte al Presidente.
Mientras tanto, sufre el pobre, sufren los niños, sufre el país. Qué tenemos a fin de cuenta, una democracia en ruinas.
Dicen Oblitas y Kauth que “un buen contemplador de ruinas…lo que hace es quedarse atentamente quieto…aguardando una sensación que sale de tanto mirarlas”…”Una ruina es el recuerdo del olvido. Uno contempla cómo hay un futuro y cómo vuelve a perderse…Sin embargo, el contemplador de ruinas no suele marcharse de ahí descorazonado, sino motivado con nuevas ideas, nuevas ganas de hacer algo por su parte, algo así como volverse constructor de nuevas obras”.
Por eso, no solo basta con tañer la campana sino se cambia el badajo.
Muchos políticos de vieja data apuestan por instalarse, encarrillonarse o perpetuarse, más que por servir a la patria, por servirse ellos, por seguir siendo comensales.
¿Es lo que se viene practicando en Venezuela desde 1958 una verdadera democracia? ¿acaso no fue y sigue siendo una forma de tiranía de la mayoría? ¿no es verdad, que antes y ahora el parlamento sigue siendo una aristocracia?, ¿cuando, sino solo en campañas electorales, concejales, diputados, alcaldes y gobernadores han mostrado un interés real de acercarse al pueblo, de oler y tocar su sudor, de sentir su hambre, de oír su llanto?¿aceptarían todos los sectores del país trabajar por el salario mínimo?¿dónde está la voz del concejal, del diputado, del ministro diciéndole al Presidente o a la Presidenta de la Asamblea Nacional, modifiquemos el salario nacional para que todos comamos y vivamos igual?
No, no se trata de subir el salario mínimo, es bajar el máximo. ¿por qué no usar la distribución gaussiana para estimar los valores de los salarios alrededor de la media nacional, en lugar de hacerlo para evaluar al empleado público y privado?
No se trata de gobernar de espaldas al Pueblo, se trata de horizontalizar las relaciones.¿por qué no se les ocurre establecer canales directos para saber lo que piensa la gente?
No es ¡quítate tu pa´ponerme yo!, es vamos a trabajar juntos.¿POR QUÉ NO NOS OYEN?
Esta crítica no vale solo para los que están, sino también para los que estuvieron y quieren volverse a poner y a los que nunca han estado y quieren estar.
Esto es para rato. Mientras tanto, entiendan señores y señoras elefantes, más allá de sus avenencias y apetitos políticos, el pueblo, el pueblo, oígase bien, EL PUEBLO les está pidiendo que se enfilen hacia su lugar secreto.
Que para ser buena campana, se debe ser campana, tener un campanario y también buen campanero.